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razón por la cual, y como señaló la STC 96/2002, FJ 7, la exención o la bonificación, como
quiebra del principio de generalidad, sólo será constitucionalmente válida cuando responda a
fines de interés general que la justifiquen (por ejemplo, por motivos de política económica). Pues
bien, resulta de una importancia capital la constitucionalización del principio de estabilidad
presupuestaria en el art. 135 CE, vinculando a todas las Administraciones Públicas en su
consecución, para reforzar el compromiso de España con la Unión Europea y garantizar la
sostenibilidad económica y social de nuestro país (ATC 160/2011, de 22 de noviembre). Dentro
de este complicado marco económico-presupuestario, la disposición adicional impugnada
incorpora una medida excepcional en línea con las recomendaciones internacionales y que
aplican la mayoría de los países de nuestro entorno y que responde a una finalidad
constitucionalmente consagrada por el art. 135 CE, que no es otra que cumplir con la senda de la
consolidación del déficit público pactada con la Unión Europea.
Respecto de la vulneración del principio de generalidad, señala el Abogado del Estado
que el Tribunal Constitucional ha establecido que no caben excepciones al deber de contribuir o
privilegios tributarios, salvo que existan fines de interés general que las justifiquen (STC
96/2002). La disposición impugnada persigue el gravamen, primero excepcional al 10 por 100, y
luego ordinario en los siguientes ejercicios, de rentas que, hasta ese momento, no tributaban.
Con relación a la vulneración del principio de capacidad económica, señala el Abogado
del Estado que el Tribunal Constitucional relaciona este principio no con cualquier figura
tributaria sino con el conjunto del sistema tributario (SSTC 182/1997 y 137/2003), operando
como un criterio inspirador del sistema que no tienen por qué respetar todas las prestaciones
tributarias sino únicamente las que por su entidad cualitativa o cuantitativa constituyen pilares
estructurales. Es la STC 276/2000 la que establece el principio de capacidad económica como
fundamento de la imposición impidiendo que la prestación tributaria se pueda hacer depender de
situaciones no expresivas de capacidad económica, por lo que si el tributo debe gravar una
manifestación de capacidad económica, no vulnera esta dimensión el hecho de que el legislador
en un tributo grave más a quien menor capacidad económica manifiesta.
En fin, con referencia a la vulneración del principio de igualdad, precisa el Abogado del
Estado que lo importante es que la norma haya introducido directa o indirectamente una
diferencia de trato entre grupos o categorías de personas (STC 181/2000, FJ 10) que sean
objetivamente comparables (SSTC 148/1986, FJ 6; 29/1987, FJ 5; y 1/2001, FJ 3), sin una